domingo, 12 de julio de 2015

La interacción de nuestro acento y pulso en armonía con el movimiento cósmico

Se tocaba sentado. Los grupos eran orquestas. La comparsa o cuerda no existía. Eran numerosos los instrumentos - como el mate, la mazacalla, el porongo y la marimba. Hasta los tambores tenían otros nombres: el Macú, Bombo y el Congo, diferentes a los tambores de candombe que escuchamos hoy.

Las ceremonias, rituales o  conexiones con el pasado tomaron lugar en "canchitas" o espacios de arena llamados "Salas de Naciones" ubicados a lo largo de la ciudad amurallada entre la Plaza Independencia y el Cubo del Sur. Cada grupo se identificaba con su linaje: eran mozambiques, cabindas, minas, o molembos.

La urbanización creó espacios compactos. Cuando cada nación tocaba el ritmo de su propia forma, ahora en "las llamadas" la comparsa sintoniza con los cimientos de las casas por donde pasan, creando vibraciones  como anteriormente se llamaban en las tribus, usando solamente las cuerdas vocales. Hoy en Las Llamadas saludan a los vecinos caminando de forma transversal y recuerdan a sus antepasados caminando en sentido contrario.

Los tambores de hoy son producto de la industrialización que Montevideo vivió. Trabajadores de la estiba, las curtiembres y los saladeros aprovecharon la materia prima para fabricar un tambor de sonido potente que la vida moderna precisaba, continuando la evolución de una tradición que a través del tiempo, en vez de desaparecer, se ha fortalecido.

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